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Capítulo 1

Carla salió de casa temblando de preocupación, sin dejar de mirar a todos lados camino de la Biblioteca. El otoña era visible: hojas secas en el suelo, árboles que dejaban el verdor atrás para acoger el dorado… y la lluvia. La muchacha rogó que no lloviera. Al menos, no en la mañana.

-Ahora no llueve -pensó, observando el cielo cubierto. Pero no era el mal tiempo lo que la preocupaba, ni la tesis. Lo que ella temía, era al hambre del paraguas. El era quien le impedía centrarse en los estudios.

Hacía casi una semana que parecía seguirla. Fuera donde fuera, allí estaba con su paraguas, vestido de oscuro y con su sombrero que le ocultaba la mitad del rostro. Le daba la impresión de que se trataba de un loco en busca de su próxima víctima. Se estremecía solo con su recuerdo. Pensó en contárselo a sus padres, pero a su hermana le sucedió algo similar y los padres la enviaron tan lejos que nunca más la volvió a ver.

-¿Qué te sucede, Carla? Y no me digas “nada” porque se bien cuando me mientes. Nos conocemos desde hace mucho -Su compañero de tesis, Julio, sentía un gran amor por ella, más no decía nada. Conocía que la joven aún no había superado la ruptura con su novio. Además, él era muy tímido: escribió varias cartas para el amor de su vida, aunque todas permanecían en el cajón del escritorio temiendo que ella desapareciera como su hermana.

Carla no respondió. Entró, con él detrás, en el edificio, avergonzada por dejarse llevar por los sentimientos de temor. Cruzó el patio a cuyo alrededor se encontraban las oficinas, salones de actos y exposición, además de una Biblioteca para niños pequeños, y subió las escaleras. El lugar no tenía ascensor aunque no lo necesitaba, era muy accesible. La parte trasera estaba bien situadas con rampas que llegaban a las distintas salar de al planta baja como de las altas.

Cuando entró en el salón de la Biblioteca, ocupó un asiento libre y comenzó a estudiar. Solo le faltaban tres semanas para presentarla. Estaba segura de que iría bien, más no de que pudiera olvidar a ese hombre: se estremecía cada vez que oía un ruido, sonaba el teléfono o se escuchaba una voz. Deseaba vivir en una isla desierta donde aquel misterioso ser no estuviera.

Marcando ya el reloj las 13:00h. Los dos amigos salieron del edificio. El joven estaba seguro de que a ella le pasaba algo, pero como permanecía en silencio, observando de un lado para otro, creyó haber descubierto el motivo.

-Si te preocupa el hombre del paraguas, te aseguro que no lo encontrarás. Solo sale cuando llueve. Vamos, comamos en el restaurante de la esquina, es muy económico y mi padre dijo que la comida tenía al menos tres tenedores, aunque ya saber que de Gastronomía quien sabe es mi madre. Ese día no nos acompañaba, era un día solo de chicos. Venga, que te invito.

-Gracias Julio, pero iré con una condición. Que me digas cómo sabes tanto de ese hombre. ¿Le conoces?

-Ese hombre es mi vecino -Comenzaron a caminar hasta el restaurante. Por algún motivo, Carla estaba más tranquila- Su esposa y su hija perdieron al vida un día de lluvia en esta misma calle. Desde entonces, cuando llueve, sale de casa y camina por aquí. Cuando deja de llover, regresa a su hogar.

-Que triste… lamento haberme asustado, y haber juzgado sin conocer. Ahora se porque siempre le veía por aquí. Este es mi paso diario y, si llueve, me lo encontraba siempre y me lo seguiré encontrando… Debería de aprender a no sacar conclusiones sin tener toda la información.

Los dos jóvenes entraron en el restaurante. Carla, ya más tranquila, pudo centrarse en su tesis, y Julio, sin pensar, consiguió dar el primer paso hacia ella después de cientos de suspiros y miles de lágrimas derramadas en la noche.

-Te pareces mucho a tu hermana. -Le dijo, mientras comían.

-Lo se. Cuando termine la tesis la buscaré. ¿Me ayudarás? -Sus ojos brillaban mientras rogaba.

-Por supuesto. Cuenta conmigo para lo que necesites.

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  1. […] Por si lo necesitáis, aquí podéis leer el: Capítulo 1 […]

  2. amparo dice:

    en el segundo párrafo existe un laismo en lugar de la preocupaba lo correcto seria le preocupaba

  3. Rosa Jara dice:

    no lo habia leido pero ya me pongo al dia como se deve y te digo que ya me intrigo esto

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