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Dedicado para:

-Maby la triste

-Cristina Calahorro

-Cristy Nieto

Capítulo 3

-Por hablar con las familias. Con eso tan simple. -Carla, se limpió las lágrimas y, decidida, se puso en pie- Vamos Julio, o… ¿tienes alguna otra idea?

Julio clavó la mirada en la muchacha. Se llevaban 6 años y esa era la causa por la cual antes no había dicho nada. La amaba con fuerza, pero… menor de edad, desaparición de su hermana… nunca era la ocasión adecuada, nunca podía, no… guardó silencio y apartando la mirada, habló:

-Me gusta tu idea. Dime solo una cosa: ¿por cuál de las familias?

-Por esta. La hija desapareció hace casi cuatro años, supongo que, si la querían tanto como para poner una denuncia en desaparecidos, querrán conocer lo sucedido y estarán dispuestos a colaborar con nosotros. El único problema es que son de la capital, hay que viajar -Le mostró la ficha de Alicia.

-Eso no es problema, yo tengo coche, podemos ir en el.

-En ese caso vamos -Carla no dijo una palabra más. Se alegraba de que Julio tuviera coche, eso les ayudaba mucho en el transporte, y los resultaría más cómodo que ir buscando transbordo entre autobuses y trenes. Le extrañaba que no se lo hubiera dicho antes, pero sospechaba, lo ocultaba para la ocasión más adecuada.

Y parecía ser esa.

Mientras, en una cabaña en lo más profundo de un pequeño bosque de frondosos árboles perennes, tres jóvenes de entre 20 y 23 años conversaban de sus familias.

-Yo tengo una hermana menor que es un encanto. Es muy parecida a mi y muy inteligente

-Yo tengo una hermana menor también, que es una delicia. Siempre estábamos juntas. La echo mucho de menos.

-Yo no tengo hermana, tengo un hermano mayor. Bueno, tenía un hermano. Cuando estaba en el otro lado, fue a rescatarme. Casi lo consiguió, ya había roto el candado y yo salía, cuando de pronto, escuché un ruido. Era como un “bang” y mi hermano cayó muerto delante de mí. Fue terrible. Permanecí mucho en un estado en el que no me enteraba ni de la mitad de lo que sucedía a mi alrededor o a mí misma.

Las jóvenes no podían hacer otra cosa que hablar y esperar. Las tres habían hecho lo que de ellas esperaban. Solo les quedaba permanecer en aquella habitación sin ventanas a que les dieran las siguiente instrucciones: firmar como madres de los niños a los que no conocían o ser vientres de alquiler para gente con gustos mas específicos, como querer un hijo que fuera suyo genéticamente, pero sin necesidad de quedar embarazadas.

Las tres habían dado a luz más de una vez, pero eran fuertes, estaban sanas y dispuestas a todo por vivir.

-Nina, ¿por qué nos hacen esto?

-Porque nos necesitan para vender a los bebés. Hay muchas personas que quieren tener hijos y no pueden. Se ven obligados a adoptar. Esta gente les ofrecen eso a buen precio, sin grandes problemas y con un bebé a su elección. Nos utilizan, pero seguimos con vis y, mientras estemos vivas nos pueden encontrar. Luego, solo tenemos que denunciarles.

-Lo ves muy fácil y…

-Pues claro que es fácil, mi hermana me está buscando, lo se. Confío en ella. -Nina respondió sin tardanza, con seguridad. Carla era más fuerte y decidida que sus padres- Se que mis padres no me buscan, pero ella si lo hace, y no parará hasta encontrarme.

De pronto, la puerta de la habitación se abrió, y una joven entró. Estaba pálida. Los ojos llorosos. Le costaba caminar y permanecer en pie. Cuando la puerta se cerró, quedó apoyada en la pared, encogida, temblando más de miedo que de frío, pese a su escaso camisón de tirante empapado en sangre.

Las tres jóvenes se acercaron a la nueva. Una, con una sábana para abrigarla. La otra, con un vaso de agua, y Nina caminó despacio, manteniéndose cerca de las demás, pero en silencio.

Cuando vio que la joven no se mantenía, rechazaba las atenciones y lloraba, chacó los dedos y las chicas se alejaron, dejándola frente a la nueva.

-No pueden hacerte más daño del que te han hecho. Vivir o morir, depende ya solo de ti. Tu decides. Yo llevo carios años retenida en contra de mi voluntad igual que ellas, pero se que voy a salir de aquí. Mi hermana nunca me dejaría a mi suerte. Ven -le alargó la mano y la ayudó a llegar a una de las camas, donde la sentó- dime, ¿cómo te llamas?

-Micaela… -la muchacha respondió en un susurro, temeroso, sin querer mirar a ningún lado, solo clavando la mirada en sus manos, que minutos antes sostenían un bebé recién nacido, y ya no.

-Lo que tu estás pasando Micaela, lo hemos pasado todas, pero alégrate, porque aquí tenemos una cama para cada una, comemos dos veces y disponemos de dos baños. No hay ventana, pero en el techo tenemos una abertura que nos da luz y nos permite ver las estrellas. Dime ¿no es más de lo que en aquella jaula de perros teníamos?

-¿Cómo puede gustarte esto? -Le muchacha no apartaba la mirada de sus manos.

-Cuando has visto lo que yo, esto es un paraíso… -Nina se levantó, y acercó a una caja que en el rincón permanecía limpia como si nunca se hubiera usado. Sin embargo, era lo quemas tocaba, pues allí estaba su tesoro -Allí no nos pueden rescatar aquí si -susurró y tomó la fotografía de Carla- mi hermanita, mi… -apretó la fotografía contra su pecho durante un largo rato.

Al cabo de unas horas, tras la cena, abrieron otra vez la puerta, y le entregaron una cajita pequeña a Micaela. Esta, pese a que sus nuevas compañeras tuvieron que dar de comer, se alzó y tiró sobre ella, arrojando todas y cada una de las cosas, en busca de algo de su bebé.

Solo encontró una fotografía.

-¡Quiero a mi hijo, no una fotografía! -Lloró desconsolada, hasta sentir unas manos sobre sus hombros- ¡Apártate de mí! -Se puso en pie, giró y contempló a Nina que la observaba con lastimera mirada- ¿También esto te ha pasado a tí? ¿Y a cada una?

-Si Micaela. Nos ha pasado a todas. Tras nuestro primer hijo, nos han dado una caja como a tí. Eso es una bomba de succión. Una foto de tu hijo y otra de tu familia. Si no haces lo que te piden alguno muere. La vida de los tuyos está en tus manos, como la tuya en la de ellos. Yo estoy tranquila porque he visto lo que son capaces de hacer, y te aseguro que esto no es nada. Intenta relajarte. Si tienes suerte, tu familia te buscará. Guarda las fotografías -Nina, se agachó y comenzó a recogerlas una a una- te mantendrán cuerda, viva y tendrás de que hablar- Entregó la cajita- y guarda la fotografía de tu hijo, pero no aquí, ven.

La tomó de la mano. En un lado de la habitación, una caja dorada, reposaba sobre un estante. Nina la tomó, y alzando la tapa, mostró su contenido: fotografías de multitud de niños permanecían en su interior.

-Guárdala aquí. Pero antes, apunta la fecha de su nacimiento, el lugar y tu nombre completo. Cuando salgamos de aquí podemos reclamarlos.

Micaela, con mano temblorosa y llorando, obedeció a Nina. Sabía había perdido a su hijo para siempre, pero ¿quién era ella para arrebatar los motivos por los cuales aquellas mujeres se mantenían con vida? Besó, tras escribir los datos, la fotografía, y la depositó junto a las demás.

-Saldremos de aquí. Con una sola de nosotros que salga, lo harán las demás pero nunca olvides que, si huyes o escapas, las demás perderemos la vida, y entonces nada se conseguirá.

Micaela no comprendía, aunque se preguntaba como era posible que hubiera tantos niños y tan pocas madres…

Mientras, en un Seat calor gris plateado, Carla viajaba hacia la capital con Julio, quien conducía, dispuesta a encontrar alguna pista que le dijera donde se encontraba Nina.

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Nota: el bebé al cual hace referencia este capítulo, no es el bebé para el cual en el Facebook se busca rostro y nombre.

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  1. Rosa Jara dice:

    tremendo capitulo hay me gusta me gusta muchoooooo

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