Este capítulo de Carla está dedicado a:

-Maby la triste

-Cristina Calahorro

-Cristy Nieto

-Rosa Jara

-Esther

-Sandra Rodríguez

-Carmen Elizabeth

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Capítulo 4

Durante el viaje, Carla no apartaba de sus pensamientos dos cuestiones concretas: porque el policía se negó a ayudarles y porque sus padres no denunciaron su desaparición.

-Dime algo Carla, ¿por qué no has dicho nada a tus padres sobre este viaje? -Julio conducía con calma, respetando todas y cada una de las normas de seguridad al volante. No le apetecía permanecer mucho en la carretera, a solas con una chica, pero sabía que si decía lo que pensaba, Carla no volvería a hablarle y mucho menos a mirarle.

-Si ellos quisieran encontrar a Nina hubieran denunciado su desaparición.

-Es cierto…-guardó silencio, centrándose en la carretera. Estaba muy preocupado. Los padres de Carla siempre le habían parecido un tanto extraños.

Quizás demasiado.

No hablaban de otra cosa que no fueran sus problemas y, cuando hablaban sobre las niñas, lo hacían como si estuvieran enfermas de gravedad o fueran incapaces de realizar las acciones más simples, pese a que, él sabía, Carla era muy independiente y Nina, capaz de resolver cualquier problema.

Después de varias horas de viaje, llegaron a la cuidad, aunque un pellizco en el estómago no les hubiera dado mayor impacto que aquello: la ciudad no estaba abandonada, pero casi. Muchos locales comerciales, textiles y de otros materiales estaban cerrados, había casas en ruinas, basura sin recoger… Carla se estremeció, mientras Julio detenía el vehículo y se abrochaba la cazadora.

-Dejemos el coche aquí. Parece una zona no muy abandonada y ahí adelante veo muchas zonas azules. No sabemos cuanto vamos a tardar, así que paso de pagar. De todos modos esa vivienda está cerca, a dos calles a la derecha y una a la izquierda, según el GPS.

Bajaron del coche y comenzaron a caminar. Iban muy juntos, uno no podía dar un paso sin que el otro lo diera al mismo tiempo. Carla guardaba silencio, pero tenía miedo. Desconocía que Julio en su interior, también lo sentía, aunque el fingiera frío. Todo aquel asunto lo escamaba: policía, padres… era como su hubiera una trama en la cual todos estuvieran implicados y ellos en medio de un laberinto.

Cuando llegaron a la vivienda, necesitaron revisar la dirección un par de veces. El bloque de apartamentos era ruina total: puertas caídas, falta de puntura en las paredes, cristales rotos, grietas profundas, grafitis, basura en el portal e incluso las ratas caminaban como si aquel fuera su hogar y supieran que nadie las iba a molestar.

Julio tomó de la mano a Carla y, apretándola contra sí mismo, la hizo entrar en el portal. Allí, la basura y los desperfectos habían apartado a los buzones y la barandilla de la escalera.

Subieron esquivando las jeringuillas y a los porretas que, festejaban tirados en el suelo casi sin ropa, lo maravilloso que era todo, sin percatarse de que las ratas les roían los dedos y la vida se les escapaba.

Cuando llegaron a la puerta del apartamento, la encontraron abierta. Entraron llamando a los dueños, pero nadie les respondía y no vieron señal de vida por allí. La suciedad se había acumulado junto al hedor a descomposición y a muerte, aunque no sabían distinguir si procedía de la vivienda, o del exterior.

Carla, se apartó de Julio, picada por la curiosidad de una sala donde creyó ver a alguien.

Era un salón. La mesa estaba puerta, pero llena de gusanos. Dos personas daban la espalda a la puerta. Se acercó, colocó delante con cuidado y en silencio y…el corazón se le paró en aquel mismo instante. Cayó en el suelo con los ojos a punto de salírsele de las cuencas. Julio, al verla, la alzó del suelo y corrieron hacia el coche.

Iban sofocados, casi no veían que tenían delante, solo veían el vehículo, al cual se subieron y marcharon sin percatarse de que habían dejado caer un folleto con le anuncio de la desaparición de la hija, de aquel matrimonio.

Julio conducía sin control. Le daba la sensación de que no estaba lo suficientemente lejos, de que aquello le perseguía. Condujo toda la tarde y la noche sin detenerse. De vez en cuando, observaba de reojo a Carla, quien lloraba en silencio, agarrada con fuerza y, ambas manos al cinturón de seguridad.

Cuando se detuvo el vehículo por falta de gasolina, ninguno se bajó. Permanecieron en el interior. No se percataron de que la gasolinera estaba al lado.

-¿Necesitan ayuda? -El propietario de la gasolinera se acercó a ellos. Golpeó con los nudillos al ventanilla del conductor para llamarles la atención.

Julio, clavó sus ojos aún aterrados en el hombre. Afirmó con la cabeza aunque continuó con su silencio. Se habían metido en algo que no debería moverse. Se preguntaba como era posible que eso pasara, pero también, cuando aquello dejaría de perseguirlo. El mundo se desmoronaba ante él y los escombros empezaban a sepultarlo.

-Yo me puedo ocupar del coche, se necesitan descansar ahí frente, tienen un Hotel muy bueno con buenos precios, si eso les preocupa. ¿Quien que llame a alguien para que les ayude?

Al no recibir respuesta, el hombre hizo un gesto con la mano y, al momento, una muchacha de largos cabellos dorados y limpios ojos de cielo, se acercó.

-Llévalos al Hotel y quédate con ellos. Creo que algo les pasa, pero no se que es.

-Yo me encargo de ambos.

La muchacha, les ayudó a llegar al Hotel, sin preguntarles nada. Solo los registró pidiendo una habitación triple con las palabras:

-Han visto las consecuencias, no se cuanto tardarán en reaccionar.

En la habitación, les ayudó a tumbarse. A continuación, permaneció allí a su lado, esperando con paciencia a que se durmieran. Una vez lo hicieron, permaneció junto a ellos recordando una hermana a la cual no veía desde hacía ya 5 años, y a la cual daba por muerta.

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  1. Rosa Jara dice:

    esto cada vez se pone mas misterioso uy en que se metiero los chicos? ya quiero saber mas me encanta

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