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Este capítulo está dedicado a  los que siguen las historias

Capítulo 6

cuando se dieron cuenta, se encontraban en el pueblo. Julio no había dicho una palabra durante el trayecto, aún no entendía como era posible que le robase el beso a Carla, era la única persona que no le pedía dinero ni se quería aprovechar de él.

-Julio, vamos. Y no le des más vueltas a aquel beso, me encantó. Era sincero y tuyo. -La sonrisa de la joven iluminaba el interior del vehículo y el alma de quien suponía, ya la había perdido- El primer beso siempre ha de ser robado, sin esperarse, o no tendrá mucho sentido. Además, ¿por qué me iba a caer mal?

La joven, bajó del coche y se dirigió, junto a Clara, a la puerta de una vivienda donde una pareja, de casi la tercera edad, permanecía sentada en sus respectivas sillas, con la mirada perdida.

Julio no tardó en unirse a ellas, ya mas tranquilo.

-Buenas tardes, buscamos a los padres de Victoria, nos han informado que viven aquí.

-Somo nosotros ¿qué sucede con nuestra niña? -La mujer alzó la mirada quedando fija en Carla- Se parece a ti.

-A mi hermana también la secuestraron, y estoy dispuesta a encontrarla. -Carla se les acercó- necesitamos su ayuda, su localizamos lo que las chicas tienen en común, podremos dar con quien las tiene.

-¿Sois de la policía? -El hombre habló mientras se sacaba del bolsillo de la camisa una cajetilla de tabaco y un mechero.

-No, no somos de la policía, somos tres amigos que queremos dar con nuestros familiares -Julio habló sin pensar. Estaba decidido a dar con Nina- Por favor, ayúdenos… -el hombre no dejó que Julio terminase de hablar se levantó y entró en la vivienda dejando a su esposa temblando y llorando.

-Victoria desapareció hace cinco años. Horas después, cuando íbamos a llamar a sus amistades y preguntar por ella, recibimos una llamada. Nos dijo que no la buscáramos, que nos matarían si lo hacíamos. Mantuvimos el silencio, inventando circunstancias y superando nuestros temores como mejor podíamos. Sin embargo, lo cierto es que nunca la hemos olvidado y esperamos su regreso. Mi marido nunca ha comprendido de permanecer en silencio ¿de qué le servimos nosotros estando muertos?

Los tres la escucharon en silencio con preocupación. ¿Y de que le sirven a ella unos padres que esperan sentidos? Querían vivir nadie les culpaba y después de la visto en la otra casa, hicieron lo justo para si mismos aunque… ¿qué iba a ser de aquella muchacha?

-Dígame ¿qué edad tenía su hija al desaparecer? -Clara sacó su pequeño bloc de notas y comenzó a escribir.

-Tenía 17 años.

-¿Dónde estaba cuando desapareció? -Carla empezaba a sentirse molesta, necesitaba irse de allí.

-En la Biblioteca…

-¿Llovió aquel día? -Carla interrumpió a la mujer. Empezaba a sospechar que algo pasaba, algo que tenía que ver con un paraguas.

-Era el 22 de octubre, no se si llovía… No lo recuerdo.

-¡Vámonos ahora mismo!¡Vamos!

Carla se dirigió al coche a toda prisa seguida por Julio quien, sin entender nada, solo la seguía de cerca. Clara les dejó subir y, ya al volante, les preguntó:

-¿Hacia dónde vamos?

-Vamos a la Biblioteca de este pueblo, ahora mismo. Tenemos que comprobar algo y ya.

Se dirigieron en silencio. Ninguno se atrevía a preguntarle a la joven que rondaba por su cabeza. Clara, no entendía, aunque prefirió darle un voto de confianza, y obedecer en esa ocasión, en la próxima ya podría andar ella, pues lo único que deseaba era encontrar a su hermana las demás no eran importantes, pero aquello era peligroso y prefería un 33% de posibilidades de morir a un 100%.

En la Biblioteca, Carla comenzó a investigar. Estaba decidida a demostrar lo que ella sospechaba: el hombre del paraguas era mucho más que un simple anciano que había perdido a su mujer y a su hija en un día de lluvia. Era más que eso, era el culpable de la desaparición de Nina.

-Estaba lloviendo igual que el día que desapareció Nina y estaba en el mismo lugar.

-¿Entonces ahora hacia donde vamos? -Julio ya no sabía bien que pensar. Empezaba a sospechar ciertas cosas que lo preocupaban muchísimo, pero no era suficiente para afirmar nada.

-Vamos a hablar con al familia de la otra chica y luego vamos, dos pueden ser coincidencia.

Se dirigieron a la vivienda de la otra familia, pero no quisieron hablar ni tampoco abrieron al puerta. Claro insistió hasta que Julio la hizo desistir, y los dos se sentaron en el escalón de la casa a la espera de saber cual iba a ser el siguiente paso.

-Tengo hambre…

-Señora, solo díganos cual es el nombre de su hija y si el día de su desaparición llovía. Por favor, se lo ruego. Por favor. Solo eso, es todo cuanto necesito. -Carla le habló directamente a la ventana.

-Se llama Manuela y llovía el día de su desaparición.

-Gracias señora y buenas tardes.

Carla se dirigió al coche sin tardanza y entró en el suspirando agotada por las emociones del día. Lo único bueno que había tenido fue el beso que en la mañana le robó Julio. Lo demás solo había complicado la situación. Podía estar en cualquier parte, en todos los lugares desaparecían chicas en las mismas circunstancias y no solo eran parecidas en el físico y en edades. También estaba ese patrón que la incomodaba.

Decidió que comerían y buscarían un sitio donde dormir. Al día siguiente, regresarían al pueblo.

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