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Este capítulo está dedicado a todos los seguidores de este blog y a los seguidores de mi página de autora. Gracias.

Capítulo 11

Nina, asomada a la ventana, observaba el paisaje mustio recordando a su hija. A primeras horas de la mañana se habían llevado a todas las chicas. Estaba sola en la habitación permaneció inmóvil durante un largo rato hasta que se decidió a acercarse a la ventana. No podía creer lo que había pasado.

Se dirigió a la cajita y sacó la foto que le habían dado de su hija.

La pequeña Alice tendría ya tres meses. Ya sonreiría, estaría haciendo posiblemente alguna gracia y tal vez seguiría rubia o se le oscurecería el cabello. Lamentaba haber acudido a ayudar a aquel anciano en vez de entrar en la Biblioteca, ya no contaba los días que retenida la mantenían allí, ya solo podía pensar en su hija y teme que se hermana cometiera su mismo error.

Recordaba los primeros días de secuestro. Las violaciones, las pruebas para conocer si estaba embarazada. Las chicas que eran asesinadas por no ser útiles, las horas allí en aquella jaula de perro… cuando le dijeron que estaba embarazada la trasladaron a otro lugar. Las lágrimas porque no querían al bebé, el dolor de conocer que iban a vender a los bebés, el miedo por saber que le iba a pasar a ellas…

en aquella habitación ya iban cuando habían dado a luz y firmado la renuncia a sus hijos. No sabían si volverían a ser útiles, pero al menos estaban vivas, comían, dormían y se vestían. No les faltaba nada, excepto la libertad y sus hijos.

Nina recordaba a su familia con agrado. Sus padres habían recibido una carta en la cual les explicaban las condiciones para que ella se mantuviera con vida. Lo que desconocían era que, si había algún bebé al cual no madre no quería renunciar o la madre fallecía en el parto, la que tenía que hacer las veces de madre era ella, que además, debía entregar al bebé en brazos de la persona que había pagado, inventándose unas historias cada vez más extrañas.

Bajo el colchón, guardaba una libreta que solicitó como regalo de la tercera firma. En la libreta, escribía, cada día unas palabras a su hermana Carla y a su hija Alice. Eso la hacía sentir más cercana a las personas que mas quería.

Al fina, la puerta se abrió. Las chicas entraron en silencio. Todas tenían los ojos rojos de haber llorado y abrazaban un peluche. Se sentaron en la cama alrededor de Nina buscando su protección.

-¿Qué ha pasado?

-Todas hemos firmado. Hemos vendido niños que no eran nuestros y nos han enseñado fotos de nuestros familiares. Nos están buscando. Si no dejan de hacerlo seremos asesinadas en una semana.

Nina se mantuvo en silencio. Ella no había sido avisada, por lo tanto ni Carla ni sus padres la buscaban. Eso la tranquilizaba, aunque verlas así, esperando la muerte, la llenaba de angustia. No sabía que decirles, ni que hacer, solo podía permitirles que se mantuvieran a su lado ser para ellas el hombro que necesitaban.

-Nina…

-No se que decir, solo que no quiero que os hagan daño, lo siento.

Sonrió para intentar calmarlas, pero tan solo consiguió romper a llorar. Abrazadas, lloraron queriendo vivir un poco mas, poder decirles a las familias que no las buscaran, pero no había modo de ponerse en contacto con nadie del exterior.

Durante el almuerzo, les ofrecieron dos comidas a elegir. Nunca antes lo habían hecho. Todas eligieron pollo asado con guarnición y ensalada verde. Comieron en absoluto silencio, creyendo que en cualquier momento iban a aparecer para matarlas, pero no ocurrió así, se terminaron el almuerzo, les llegó la hora del café y a continuación, la cena.

Pero no ocurrió nada.

Por la mañana, Nina despertó. Lo que vio la llenó de angustia y la hizo entrar en un profundo sopor del cual no despertó ni cuando entraron y sacaron los cuerpos de las chicas. Le quitaron las camas, las mesillas, la ropa y las fotos de los bebés, tan solo dejaron lo suyo, entregándole en mano la fotografía de Alice.

Cerraron la puerta dejándola sola, inmóvil, con las lágrimas que caían por sus mejillas… se tumbó en la cama, acariciando a su niña en silencio.

Tenía miedo, pero por algún motivo, tan solo soperaba poder tenerla en sus brazos alguna vez. Sus pensamientos tan solo se centraban en eso. No que´ria comer, ni bebé, no se movía.

-Come y bebe o no verás a tu hija.

Aquellas palabras la hicieron reaccionar. ¿Ver a Alice? Sería por fotografía pero eso le bastaba, le era suficiente. No podía seguir así…

Se levantó, duchó y vistió de limpio. También comió y bebió. Arregló la habitación, la limpió y colocó la fotografía en un marco que le dieron y que en la estantería dejó alrededor de una flores que ella misma dibujó en un trozo de papel y pidió que recortaran pues no tenía permiso para usar tijeras.

Una vez todo hecho, esperó pacientemente. Al cabo de un par de horas, tras la cena, por debajo de la puerta, le fue entregada una fotografía reciente de Alice con un hermoso trajecito.

-Mañana tendrás el marco. Elige el color.

-Rosa, un marco rosa.

-Está bien. Ahora acuéstate, es hora de dormir. Hasta mañana.

-Buenas noches, y gracias.

Nina se acostó soñando con su pequeña.

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  1. rosa jara dice:

    que terrible todo lo que tiene que pasar pobre nina espero el proximo capitulo un beso y gracias este estubo muy bueno

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